Nuevamente aquí, en este deprimente blog. Totalmente desnaturalizado de su objetivo inicial. Honestamente no me importa, solo quiero un espacio en el cual pueda escribir y soltar todo lo guardado dentro y en algún momento más adelante, con algo de suerte, poder releerlo. No para aprender de los errores o experiencias pasadas, sino para saber cuanto perdí conscientemente. Siento toda clase de dolores y malestares, tantos físicos como psicológicos. No podría estar en un peor momento. Probablemente, estaré diciendo lo mismo más adelante otras veces más.
No lo mencioné antes, la pandemia ocasionada por el covid-19 cambio muchos aspectos de la vida que tuve. El inicio de la cuarentena complicó los vínculos familiares de mi casa. Una familia débil y enferma no puede superar esta situación sin perder en el camino. Perdí a mi hermano por finales de enero del 2021. El covid destruyó sus pulmones y órganos relacionados al sistema respiratorio. La muerte cerebral luego de un infarto terminó apagando su vida a los 45 años. Nos cambió a todos en casa. Reconozco que en principio no me afectó tanto como a mamá, papá o al resto de mis hermanos. Una de las imágenes que tenía de mi hermano era golpeándome en la sala de la casa por haberle respondido de seguro con alguna lisura o broma que ya no recuerdo y no sé si con el mismo calibre justificable para agarrarme a cachetadas hasta que comencé a llorar. Otra, la de peleando e insultándose con mi mamá por, en mi opinión, tonterías; lanzándose carajos y mierdas entre ellos, mientras que el ausente de mi padre no hacía nada para intentar resolver el problema de manera menos violenta. Como fuese, no fue hasta el día siguiente, de enterarme que mi hermano murió, que comencé a generar empatía y comenzó a pesar toda la tristeza. No podia dejar de pensar en ello y en recordar todos los rostros con lágrimas y los sollozos sin voz por lo que había sucedido.
Por debilidad, no solo me refiero a la física o resistencia frente al covid-19. En noviembre del mismo año mi padre desapareció luego de haber ido a comprar pan por la tarde a la panadería. Mamá comentó dudando que antes de irse a comprar había discutido con papá por mi otro hermano, ya que siempre llega demasiado borracho a casa y como es usual en mi padre, no hace nada para remediar la situación. Con ese mismo hermano salimos de casa a todos lados. Fuimos a la panadería y sus cercanías, cerca hay una tienda Maestro a la cual entré y pedí a seguridad que pueda mostrarme las grabaciones de las últimas 2 horas. Se negaron inicialmente y no fue hasta que tragándome el orgullo, y recibiendo miradas condescendientes, les dije que mi padre había desaparecido. Esa noche, fuimos a la comisaría a poner una denuncia por desaparición. Acto seguido, también fuimos a la morgue de Lima sin éxito. La denuncia llegó hasta la fiscalía que citó a mi hermano para dar su declaración. Luego, en el reporte final que nos compartieron se leía que mi padre dió sus declaraciones acompañado por su abogado, que resultó ser el tío de su amante.
Hasta estos días, a mamá se le dificultad dormir o dejar de pensar en que ha desperdiciado su vida por estar con mi padre. Duramente, cuando aún vivian juntos y me llamaban para intentar mediar en sus problemas, les decía que se separen antes de que lleguen a mayores. A mi me apena lo que le sucede y por más que no quiera hacerlo y hacer caso a las sugerencias de mis familiares; no puedo dejar de odiar a mi padre. No solo por lo que le hizo a mamá, que es demasiado; sino, porque me veo calcado en su ser. Siento ser tan cobarde como él, tan falto de coraje como él, tan maldito y oscuro como siempre me ví. Que haya hecho eso solo confirma todo lo dañado y roto que, siempre sospeché, soy. Y por otro lado, también me veo en la dependencia de mamá, en su sufrimiento, en las veces que la escuchaba llorar por las noches intentando dejar de pensar en todo lo que pasó o pudo haber pasado. Soy el reflejo de los traumas, vicios y penas de ellos.
Me encuentro en Huaraz intentando distraerme y hacer cosas para tratar de procesar todo, pero no puedo. La semana pasada me detectaron covid-19 y hasta ahora tengo fiebre, tos, flema, me duele el cuerpo y también me siento débil psicológicamente. Tal vez, sea hora de volverse polvo de estrella nuevamente. Pero aún no quiero. Dejarme integrar nuevamente al espacio luego de todo lo vivido, sería egoísta para lo que resta de mi familia. Solo quiero volver a pararme y hacer mis cosas con moderada facilidad. Ya perdí las esperanzas por encontrar un lugar donde pueda descansar de todas las demandas y exigencias que nos pide el mundo. Es lo que me ha tocado vivir y nadar contracorriente cansa y desgasta demasiado. Ya he asimilado que, me encuentro en un punto en que no hay segundas oportunidades. Para mi condición, existen únicamente oportunidades de segunda. No quiero hacer sentir a nadie que merece una oportunidad de segunda. Por eso intento vibrar bajito como para no hacer ruido. El protagonismo, por mucho o poco ego que me reste, ya no es mío.
Tal vez todo esto suene demasiado negativo, y lo es. Espero realmente que esta sea la última vez que tenga que escribir en este maldito blog. Ya no poseo más expectativas que mantenerme en mi trabajo y eventualmente pasar de aqui sin mucha, tal vez poca, atención.